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Recordemos que un desastre se califica como tal cuando hay vidas humanas involucradas, bien porque se pierden muchas de ellas o bien porque las personas quedan sin propiedades, sin trabajo, sin tierra, ocasionándoles una calamidad.
El terremoto en Haití no solo debe despertar nuevamente ese espíritu de solidaridad y humanismo que nos lleva a ayudar de la manera que nos sea posible a nuestros hermanos, gravemente afectados, además por ser uno de los países mas pobres del mundo.
En este caso, para las donaciones debemos tener en cuenta que lo que ellos necesitan son cosas fáciles de manejar y elementos muy básicos como por ejemplo: agua y alimentos que requieran la menor uso de energía o de cocción posibles, elementos de aseo que requieran una mínima cantidad de agua, toallas húmedas, papel higiénico, desinfectantes líquidos que no necesiten enjuague, pañales, etc.
Este impactante evento debe movernos también para revisar toda esa preparación que se hizo frente a la campaña distrital “Con los pies en la tierra”, donde se indicaba qué elementos y acciones se deberían tomar ANTES de que ocurriera un desastre por terremoto, posible en la ciudad de Bogotá, como lo es en todo el continente americano a lo largo del Pacífico, desde Argentina hasta Alaska. Grandes ciudades están ubicadas en zonas de alto riesgo y por ello todos sus habitantes debemos estar preparados.
Debemos pensar por ejemplo, si ya actualizamos nuestro plan de emergencias personal y familiar, de manera que, cada integrante de la familia sepa que en caso de cualquier emergencia hay un punto de encuentro, el cual puede moverse según la situación: el caso mas grave se daría cuando cada persona está en su lugar de trabajo o estudio porque no están cerca los unos de los otros; entonces, es importante ponerse de acuerdo en cual sería el punto donde la familia se encontraría, incluyendo otros familiares y amigos cercanos.
Otro aspecto importante para revisar es la manera como se van a comunicar en cuanto la situación lo permita, a dónde se van a reportar, a quién van a buscar para generar tranquilidad a quienes los estén buscando, teniendo en cuenta que las líneas telefónicas en estos casos suelen colapsar y puede no haber electricidad.
Es fundamental recordar también que al quedar sin hogar el ser humano se convierte en el blanco de ataque de otras personas, en especial son muy vulnerables los niños y los ancianos. Por ello, todas las personas que tengan cerca a familiares y amigos deben pensar en cuidar su integridad física durante las 72 horas siguientes por lo menos y tenerlo en cuenta ante la pérdida de vivienda.
Por último, es importante recordar tener a mano los elementos mínimos que deben guardarse en lugares accesibles, tales como el locker del colegio, el escritorio en el trabajo, el carro y la casa: tener agua, una linterna con pilas, un pito, una o dos latas de comida fácil de abrir; esto aseguraría la supervivencia por uno o dos días.
Lo más grave de un desastre es la vulnerabilidad. Las consecuencias posteriores pueden mitigarse un poco si las personas que quedan fueran capaces de sostenerse por sí mismas e incluso ayudar a los demás. No perder el impulso de prepararse frente a las emergencias puede salvar nuestra vida y la de muchas personas.
Elaborado por: CISTEMA – ARP SURA. |